La necesidad de belleza y armonía en la infancia es fundamental para el desarrollo integral de los niños. La estética y la organización del entorno en el que los niños crecen y aprenden tienen un profundo impacto en su bienestar emocional, cognitivo y social. Las escuelas de Reggio Emilia, inspiradas por las enseñanzas de Loris Malaguzzi, Mara Davoli y otros educadores destacados, reconocen la importancia de crear ambientes que no solo sean funcionales sino también hermosos y armoniosos.
El enfoque de Reggio Emilia, fundado por Loris Malaguzzi, se basa en la premisa de que los niños son individuos competentes y capaces, con derechos y potencialidades que deben ser respetados y nutridos. Uno de los principios clave de este enfoque es la creación de ambientes educativos estéticamente agradables que promuevan el aprendizaje y el bienestar. Malaguzzi y sus colegas, como Mara Davoli, entendieron que la belleza y la armonía en el entorno físico no solo atraen a los niños, sino que también inspiran y estimulan su curiosidad y creatividad.
1.1. La estética y la armonía del ambiente
En las escuelas de Reggio Emilia, el ambiente se considera el “tercer maestro”, después de los adultos y los pares. Esto significa que el diseño y la organización del espacio juegan un papel crucial en el proceso educativo. Los entornos de aprendizaje están cuidadosamente diseñados para ser acogedores, funcionales y visualmente atractivos. Los colores, la iluminación, los materiales naturales y los elementos decorativos se eligen con esmero para crear una atmósfera que inspire tranquilidad y creatividad. Los espacios abiertos y flexibles permiten una variedad de actividades y fomentan la exploración y el juego.
La armonía en el entorno educativo se refiere a la coherencia y el equilibrio en la disposición de los elementos físicos y la organización de las actividades. Los ambientes armoniosos están diseñados para ser ordenados y estructurados, pero también flexibles y adaptables a las necesidades y los intereses de los niños. La disposición cuidadosa de los materiales y los recursos promueve la autonomía y la autoexploración, permitiendo a los niños encontrar lo que necesitan de manera independiente. Este equilibrio entre estructura y libertad es fundamental para crear un ambiente que apoye el desarrollo integral de los niños.
Loris Malaguzzi, el visionario detrás del enfoque de Reggio Emilia, enfatizó la importancia de un entorno educativo rico en estímulos estéticos. Para Malaguzzi, la belleza y la armonía no eran aspectos superficiales, sino elementos esenciales que reflejan el respeto y la consideración hacia los niños. Mara Davoli, una colaboradora cercana de Malaguzzi, también destacó la importancia de la estética en la educación. Ella creía que los entornos bien diseñados fomentan el sentido de pertenencia y el bienestar emocional, creando un espacio donde los niños se sienten valorados y motivados para aprender.
1.2. Integración de arte y naturaleza
Las escuelas de Reggio Emilia integran el arte y la naturaleza en el entorno educativo para fomentar un sentido de belleza y armonía. Los proyectos artísticos, las exposiciones y el uso de materiales naturales permiten a los niños interactuar con el mundo de manera creativa y significativa. Los espacios exteriores, como jardines y áreas de juego, están diseñados para ser extensiones del aula, ofreciendo oportunidades para el aprendizaje y la exploración en contacto con la naturaleza.
Para responder a la necesidad de belleza y armonía en la infancia, de 1 a 8 años, es fundamental implementar prácticas y enfoques que integren elementos estéticos y armónicos en los entornos de aprendizaje y en el hogar. Siguiendo las filosofías de Reggio Emilia, Montessori y Waldorf, podemos crear un entorno estéticamente agradable mediante el uso de materiales naturales como la madera, la piedra y las plantas, que aporten una sensación de calidez y conexión con la naturaleza. Es importante elegir paletas de colores que sean calmantes y acogedoras, evitando colores demasiado brillantes o estridentes, y utilizar luz natural tanto como sea posible, complementada con iluminación suave y difusa para crear un ambiente tranquilo. Mantener los espacios limpios y organizados, con estanterías y áreas de almacenamiento accesibles para los niños, promueve el orden y la responsabilidad. Mostrar las creaciones artísticas y proyectos de los niños en lugares visibles también les ayuda a sentir orgullo y a valorar la belleza de sus propios trabajos.
El contacto regular con la naturaleza puede fomentarse a través de juegos y exploraciones al aire libre en jardines, parques o patios escolares. Involucrar a los niños en actividades de jardinería, permitiéndoles plantar y cuidar flores, hierbas y vegetales, es una excelente manera de integrarlos en el entorno natural. Incorporar elementos de la naturaleza, como hojas, piedras y conchas, en las actividades diarias y en la decoración del aula, ayuda a mantener una conexión constante con el mundo natural.
Proporcionar oportunidades diarias para la expresión artística a través de la pintura, el dibujo, la escultura y otras formas de arte es crucial. Fomentar la colaboración en proyectos artísticos colectivos embellece el espacio compartido y refuerza el sentido de comunidad. Introducir a los niños a la música, la danza, la poesía y las artes visuales crea momentos especiales para disfrutar y apreciar la belleza en sus diversas formas.
Establecer rutinas de bienvenida y despedida que incluyan canciones, rimas o actividades tranquilas para marcar el inicio y el cierre del día, y utilizar música suave o señales visuales para facilitar las transiciones entre actividades, ayuda a los niños a moverse de una tarea a otra con calma. Celebrar festividades y tradiciones culturales en el calendario escolar y familiar crea momentos especiales que refuerzan el sentido de comunidad y pertenencia.
Atender a los detalles, como utilizar textiles suaves y agradables al tacto, como cojines y mantas, para crear espacios acogedores y confortables, y introducir aromas agradables a través de flores o aceites esenciales, así como sonidos suaves como música instrumental o el canto de pájaros, ayuda a crear un ambiente sensorialmente rico y armonioso.
