Un verano para jugar más y crear recuerdos que permanezcan.
Hay veranos que pasan casi sin que nos demos cuenta. Llegan las vacaciones, intentamos aprovechar cada día al máximo, llenamos la agenda de planes, y cuando septiembre aparece sentimos que el tiempo se ha escapado entre las manos.
Y, sin embargo, existen otros veranos que permanecen con nosotros durante años.
No porque hiciéramos más cosas, sino porque estuvieron llenos de vida: la cabaña bajo un árbol, las flores recogidas en los paseos, las tardes interminables jugando con agua, las historias inventadas a partir de una cuerda y una tela.
Había tiempo para observar una mariposa, para ensuciarse las manos con barro o, simplemente, para no hacer nada durante un rato.
La biblioteca del verano:
- Julio - El verano en plenitud: la expansión, el agua, el movimiento, los días que no terminan nunca.
- Agosto - La abundancia: los frutos maduros, los atardeceres largos, la gratitud y el asombro.
- Septiembre - El tiempo de recoger: el puente sereno hacia el otoño.
+ Guía completa para la mesa de estación de verano.
+ Tesoros para un verano vivo.